REFLEXIONES ELECTORALES NECESARIAS

Escribe: Dra. Silvia Elena Aguirre Abarca

Docente Universitaria y Analista Política

Para empezar es necesario visualizar el escenario político que se presenta para la segunda vuelta electoral entre quienes obtuvieron las dos más altas votaciones en la primera vuelta electoral, vale decir, entre el representante del “Nacionalismo” Ollanta Humala Tasso y Keyko Fujimori Higushi , debiendo apreciar en cuestiones DE FONDO, no en meras superficialidades, o, pensar si es CANDIDATA MUJER o VARON , o , actos de ataque y contra ataques coyunturales, sino reflexionar respecto de ambos candidatos:

¿Para quiénes y con quiénes gobernarán?

La candidata trae la etiqueta del “Fujimorismo”, que en realidad no es un PARTIDO POLITICO sino un MOVIMIENTO electorero que cambia  de nombre según el momento, sin ideología, sin un norte claro, donde están ausentes los valores éticos, sociales y que carecen de legitimidad que exige la ciencia política, porque avalaron a un régimen dictatorial que atentó contra la moral pública, los intereses nacionales y los derechos humanos.

El denominado Fujimorismo es un MOVIMIENTO que ha encontrado en el poder su fuente de realización, personal, familiar y de un grupo de aventureros liderados por Alberto Fujimori Fujimori que escribieron páginas negras para la historia nacional, de alta corrupción y agravio a los Derechos Humanos, desnaturalizando completamente la POLITICA, sin interesar su esencia como ciencia social y arte de gobernar para procurar el bien común, y, convertirla en una feria de ambiciones que, lamentablemente, y, con engaños a la población –poco informada- pretende retomar el mando del Estado Peruano con clara intención de mantener el STATU QUO, esto es, la política actual con millones de peruanos ignorados por la economía boyante.

Por otro lado, está Ollanta Humala Tasso, un militar en retiro con formación política y vocación social que defiende el Nacionalismo como ideología, un candidato, que aún no ha ejercido el poder político y que trae propuestas de inclusión y justicia social, muchas   coinciden casualmente con el Programa Máximo del Partido fundado por Haya de la Torre y cuyos pseudo seguidores hoy rechazan y tratan de desconocer como el propio Alan García Pérez, es obvio que no  gobernará con los agentes nacionales de los grandes grupos económicos.

Naturalmente, el candidato Humala respondiendo a su formación puede gobernar con disciplina fiscal, sin corrupción,  respaldado por los valores familiares que trae como persona, lo que no se puede decir de Keiko Fujimori por los graves antecedentes  públicos y de nefasta recordación para el país y la fragilidad en los valores familiares del CLAN Fujimori, como personales, que la hoy candidata  Fujimori trata de tapar con mentiras, habiendo demostrado en los HECHOS ser copartícipe del corrupto régimen Fujimorista, del cual ella se beneficio, apartándose al efecto de su propia Sra. Madre, sin defenderla en momentos en que corría riesgo su vida, si faltó a su MADRE ¿Cómo creerle ahora? , mas allá de haber cubierto ella y sus hermanos  estudios onerosos en los EE.UU. en las universidades más caras como la de Boston con fondos de la caja fiscal, y así pretender tomar POSESION de la Primera Magistratura de la Nación, sin tener  perfil de Estadista – como si ocurre con Presidentas de Argentina y Brasil – , sin ninguna experiencia en el manejo de la COSA PUBLICA, porque habiendo sido elegida congresista de la República, pasó por el Congreso, pero no aportó absolutamente en nada por sus licencias sucesivas;  mientras , el Estado Peruano puntualmente  le canceló por servicios no prestados. No se puede calificar como experiencia el cargo de Primera Dama  –en su caso particular- fue realmente una figura decorativa a diferencia de lo que significa por ejemplo la presencia de la Sra. Pilar Nores de García. En su hoja de vida no acredita EXPERIENCIA LABORAL en el sector público ni privado, salvo, como ama de casa, buena madre y esposa. Lo que pregona en calles, plazas y medios de difusión, ni si quiera son SUS PROPUESTAS sino de quienes ESTÁN DETRÁS DE ELLA: ¨MANO DURA¨ (en seguridad ciudadana), ¨no cambiaré Constitución¨, etc. u otras como las que VA COPIANDO DE LA AGENDA DE OLLANTA HUMALA al hablar de “trabajo digno” o “poner impuestos a las sobre ganancias mineras” mostrando  desconocimiento, falta de preparación e inconsistencia, incluso, respecto del MODELO ECONOMICO DE LIBRE MERCADO que dice defender sostenidamente. No tiene hoja de vida como POLITICA sino como POLITIQUERA habiendo reunido a  gente pobre en calles y plazas  con dádivas, como lo sigue haciendo, regalo de polos anaranjados y falsas esperanzas, todo en procura de la libertad del sentenciado Alberto Fujimori, nunca la vimos es esta  actitud,  defendiendo a los nativos de la selva peruana, ni el gas para los peruanos.

Ollanta  Humala, es cierto, tuvo un levantamiento de protesta en Locumba-Tacna – la historia escrita está – pero,  no se puede calificar como MOVIMIENTO golpista, fue una respuesta por rescatar la democracia, saludable y valiente que el pueblo peruano demandaba en esos momentos de insoportable desborde y abusos del BINOMIO FUJIMORI-MONTESINOS, no buscaba tomar el poder, sino defender la DIGNIDAD del pueblo peruano frente a las ambiciones de RE-RE-REELECCION presidencial de Alberto Fujimori, detalles que los jóvenes, hoy votantes, desconocen.  La actitud asumida por Ollanta Humala y su hermano Antauro y sus seguidores, fue reconocida por el pueblo peruano, razón por la que fueron MERECEDORES, posteriormente, de AMNISTIA por el Congreso de la Republica, bajo la Presidencia del Dr. Carlos Ferrero Costa,  defendidos por el ilustre Constitucionalista Javier Valle Riestra.

Creemos que KEIKO frente a OLLANTA como candidata no supera en calidad electoral, mas allá de negar insistentemente que su único OBJETIVO es LIBERAR A SU PADRE y mantener el STATU QUO en el que nos encontramos, por tanto, NO APUESTA por NINGÚN CAMBIO favorable al país, por el contrario, es sin duda, la AGENTE idónea para el CRECIMIENTO ECONOMICO que beneficia  sólo a los DUEÑOS del capital, ni siquiera nacional, sino transnacional, esa es la ÚNICA VERDAD, lo demás son MENTIRAS.

La propuesta de Keiko Fujimori NO  CONVIENE  a los intereses de los peruanos, de los hombres y mujeres de las capas medias,  de quienes se hallan en pobreza y extrema pobreza; peor aún de los JÓVENES, porque su carta de presentación fundamental y piedra angular de lo que quiere hacer, con quienes ya detentaron el poder, es CONTINUAR con la POLITICA ECONOMICA (que siguieron después de Fujimori, disciplinadamente , Toledo y Alan García Pérez , quien olvidando sus críticas sobre la ”Falsa Modernidad” escribió sobre “Los Perros del Hortelano”) que es la POLITICA DE LIBRE MERCADO o política Capitalista, modelo injusto y desigual, aunque con sutilezas  estratégicas , trate de hacer consentir lo contrario.

Desde una visión objetiva económica el Modelo capitalista que defiende la candidata Fujimori, -RECORDEMOS EN TODO MOMENTO ASI LO RATIFICA AFIRMANDO QUE NO CAMBIA SU PLAN – tiene como premisa básica la INVERSION PRIVADA  desdeñando los roles del Estado en el desarrollo, legitimo derecho de los pueblos, con primacía de políticas comerciales como políticas de gobierno, dejando de lado la necesidad de establecer como POLITICAS DE ESTADO la promoción de la salud, educación, Justicia, soberanía (incluyendo la soberanía interna como externa). Es decir la política a seguir por la candidata de la derecha es girar SOLO y UNICAMENTE en torno al eje del CRECIMIENTO ECONOMICO que no significa DESARROLLO, cuyas consecuencias ya las conocemos en la REALIDAD , el crecimiento económico no ha TENIDO RESULTADOS positivos en el PERU, el país NO HA DESARROLLADO  en más de 20 años de aplicación de este modelo , sólo han crecido los bolsillos de los INVERSIONISTAS, especialmente extranjeros (como viene ocurriendo con empresas mineras, cadenas comerciales, inversionistas extranjeros en turismo, etc.) porque el CRECIMIENTO ECONOMICO significa eso, pura actividad UTILITARISTA, economicista, de acumulación de capitales, de ganancias y sobre ganancias en base a la explotación de la fuerza laboral en aras de una mayor productividad, sin observar un trato equitativo, entre los factores de la producción: capital y trabajo. Eludiendo esta REALIDAD excluyente la candidata del crecimiento sostenido promete MAS  PUESTOS de trabajo como  “la primera chamba”, esto es una promesa, es muy relativo, porque es un reducido número de posibilidades  para trabajo “con calidad”, en menos de tres meses ya no tendrán trabajo, ¡cuidado jóvenes con esta venta de ilusiones fugaces!

Para que gane Keiko Fujimori y sus intenciones se sostiene, además, que no se debe CAMBIAR CONSTITUCION, está claro, ella BUSCA SER PRESIDENTA DEL MERCADO, más no, del ESTADO PERUANO organizado bajo el modelo de Estado Social y Democrático de Derecho.

Se está partiendo de un ERROR al mostrar COMO UN PECADO el cambio de “CONSTITUCION POLITICA”, especialmente a los jóvenes votantes se les está haciendo consentir, engañándolos  que se generará inseguridad jurídica, que caerán las inversiones, ¿Qué inversiones? ¿Las públicas o las privadas? sin aclarar que, lo que quiere cuidar Fujimori son solamente las inversiones privadas. Los jóvenes y la ciudadanía peruana deben saber que un Estado democrático debe contar con una Constitución LEGÍTIMA que responda a las exigencias del PODER CONSTITUYENTE que radica en el PUEBLO (como fue la Constitución de 1979 suscrita por Víctor Raúl Haya de la Torre), que defina democráticamente todos los ORDENES sobre el cual se debe construir un Estado, bajo el paradigma del Estado Social y Democrático de Derecho, esto es, un Estado que se acerque a la persona humana, con principios para una plena participación ciudadana y social, que se oriente al desarrollo humano,  permita al ciudadano participación en las decisiones políticas, por ejemplo decirle SI o NO a las firmas de TLC´s y sobre todo con reglas definidas para una economía de equilibrio  social o democracia  económica, con participación soberana del Estado en el diseño de su POLÍTICA ECONOMICA, que pueda admitir la inversión privada con mecanismos de control orientados al BIEN COMUN, y no sobrepase el interés público.

Democracia no significa sólo VOTAR en las elecciones, sino que el Estado SEA INCLUSIVO no EXCLUYENTE, donde la población sea co-participe de la riqueza basada en una política económica justa y racional. Se requiere para estos propósitos UN CAMBIO DE CONSTITUCIÓN para cambiar el “REGIMEN ECONOMICO”, con otros principios que no sean de Libre Mercado para mejorar la calidad de vida de todos los peruanos, no de algunos como “los lobistas” de las mineras. Además se necesita CAMBIAR LAS REGLAS LABORALES desde la Constitución para que el trabajador no siga siendo una mercancía más, barata y desechable, debe desaparecer la FLEXIBILIZACION LABORAL que promueve la actual Constitución Fujimorista.

Además existen puntos sustantivos para mejorar la estructura orgánica y funcional del Estado Peruano, un Estado que sirva mejor al Perú, por tanto, NO ES PECADO CAMBIAR CONSTITUCION.

Tampoco es pecado SER NACIONALISTA, por el contrario, políticamente  supone defender con soberanía los destinos del Perú de hoy y sobre todo el futuro de los jóvenes con Justicia Social bajo el modelo de una sociedad moderna, justa y humana.

Se viene desdibujando al candidato nacionalista, argumentando en su contra ser “chavista”, con un simple adjetivo no se puede derrumbar una propuesta mas LOGICA, PRUDENTE y HUMANA. Aquí el tema no es Chávez, sino lo que importa a los intereses y derechos de los peruanos, no se deben CREAR MONSTRUOS que nada tienen que ver con el desarrollo nacional, estas son CORTINAS para OCULTAR los propósitos entreguistas de las riquezas nacionales a las empresas transnacionales, como hizo Alberto Fujimori al privatizar más de 300 empresas  públicas, cuyo producto desapareció, dineros que  los llevó en maletas el dictador, en su fuga por la puesta falsa, con el silencio cómplice de su hija Keyko, entonces Primera Dama.  Ella si fuera moral debería DEVOLVER esos dineros al TESORO público, antes de ser Candidata.

¿Con MENTIRAS se debe acceder SI o SI al poder? La Sra. Keyko y su grupo están acudiendo al fácil recurso de “miente, miente que algo queda”, se están sembrando FALSOS TEMORES que no son otros, que los TEMORES de los beneficiarios del crecimiento económico. No existe tal salto al vacío, es el temor por perder privilegios tributarios, mientras sutilmente se procura que la población asuma como suyo EL MIEDO, engañando con una campaña millonaria auspiciada por las mineras y agentes del poder económico, que tratan de seguir condicionando el poder político, auspicio  que incluye el alquiler de la voz y opinión de Jaime Bayle.

NO ES PECADO ESTABLECER NEXOS CON PAÍSES LATINOAMERICANOS, NI CON SUS LIDERES, la integración latinoamericana ya lo propusieron los libertadores Don José de San Martin y Bolívar, pensaron el patria grande: Martí, Vasconcelos, Haya de la Torre(¨INDOAMERICA¨). Se está creando un Terrorismo psicológico con falsos mitos. NO ES PECADO que el Perú se pueda convertir en un bloque económico soberano, junto a Colombia, Chile y México; también con Uruguay, Paraguay, Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador, uniendo sus fortalezas estratégicas en recursos naturales y su potencial humano, como ya ocurre con la Unión Europea. Al Margen de las figuras políticas que transitan en diferentes latitudes como Chávez, Lula o Piñera, los pueblos sudamericanos demandan unidad, pero, NO EN Y POR EL MODELO ECONOMICO, sino por alcanzar el desarrollo.

La hija de Fujimori ha entrado en serias contradicciones:

1º Dice SER DEMOCRATA, pero no quiere cambiar la Constitución que nació gracias al auto golpe del 5 de abril de 1992 y el proceso de ruptura democrática que provocó el régimen fujimorista totalitario y corrupto del cual participó plenamente, la hoy candidata presidencial. No se debe usar como argumento LA DEMOCRACIA para agraviar a la sociedad.

2º Promete hacer un gobierno ecologista, apostando al mismo tiempo por mayor inversión privada para explotación de recursos naturales, sin importarle el cuidado del medio ambiente. La Constitución Política elaborada bajo la presidencia en el C.C.D. de Yoshiyama Tanaka es anti ambientalista. Ha expresado su decisión de respetar todos los TLCs. que incluyen aquellos para el ingreso de PRODUCTOS TRANSGENICOS al país, como ya viene ocurriendo con el aval del gobierno actual, sin advertir que son una grave amenaza para la salud y la productividad de las tierras.

3º Promete trabajo digno contradictoriamente bajo las reglas laborales de la Constitución fujimorista de1993 que sentó las bases para la FLEXIBILACION  DE LAS RELACIONES LABORALES EN EL PERU y CONSIGUIENTE MUTILACION DE LOS DERECHOS LABORALES, reduciendo al TRABAJO a una simple objeto sujeto a los vaivenes del libre mercado, y , al trabajador en una CARGA LABORAL para el empleador, por ello no se le deben garantizar sus derechos porque lo contrario significa ahuyentar las inversiones, por tanto “no habría creación de nuevos puestos de trabajo”, este discurso es una falacia porque el capitalista genera trabajo sólo para nuevos esclavos, como en la China actual,  no un trabajo de calidad, es decir,  habrá trabajo, pero, sin derechos laborales ,sin seguridad social ni jornada laboral de 8 horas, sin garantía previsional (pensiones), menos condiciones de seguridad laboral para trabajos de riesgo. Entonces ¿Qué futuro laboral, sin derechos les espera a los jóvenes de hoy? Aunque la candidata prometa TRABAJO DE CALIDAD, SU CONSTITUCION DE 1993 es una  enorme traba.

4º Fujimori propone reformar el Estado con ¨reformas de segunda generación¨, no para alcanzar las metas del bien común sino para SOBREDIMENSIONAR EL ESTADO CON NUEVOS ORGANOS ESTATALES – COMO YA LO HIZO SU PADRE-, al servicio del sistema o modelo capitalista que nos rige y apartarlo de sus roles tradicionales esenciales de garantizar educación, salud, seguridad, trabajo, desarrollo de la población promoviendo en su lugar entes estatales para el COMERCIO , ACTIVIDADES EXTRACTIVAS , DEPREDADORAS y CONTAMINANTES. Convendría saber si como parte de estos cambios y mejora en el empleo público, ¿la candidata RESTITUIRA DERECHOS LABORALES DE LOS TRABADORES PUBLICOS INCONSTITUCIONALMENTE DESPEDIDOS POR SU GOBIERNO DE LOS 90?

5º La candidata dice amar al Perú, más allá de sus nexos familiares con E.E.U.U. y Japón, pero apoyó en la campaña electoral de su padre para integrar el Parlamento japonés , evitar su extradición y ser juzgado en el Perú, incluyendo al efecto una esposa nipona para el marketing político.

 Al final, debemos recordar que detrás de la candidata Fujimori están quiénes acompañaron al dictador en el gobierno más escandaloso y catastrófico para la democracia peruana, los mismos actores de la corrupción,  los que atentaron contra derechos humanos de peruanos y peruanas inocentes, torturados, muertos y desaparecidos, víctimas hombres y mujeres JOVENES. Nos preguntamos:

Si en estos momentos difíciles que demandan DESARROLLO para los peruanos,  ¿la presencia de Keyko Fujimori sería aceptable para LA GOBERNABILIDAD en el Perú, con todos los factores negativos reales NO INVENTADOS que la rodean?

¿Cómo pretende la candidata resolver, en realidad, la pobreza y extrema pobreza, si el modelo económico del PURO CRECIMIENTO ECONOMICO que defiende fervorosamente, IMPIDE LA REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA?

 ¿SI LOS JÓVENES DE LAS CLASES MEDIAS Y DE LAS MAS EMPOBRECIDAS QUE VOTARON POR ¨PPCUY¨ ESTAN DISPUESTOS A VOTAR POR KEIKO FUJIMORI, DESPUES DE ESTAS REFLEXIONES??…

Cusco, 10 de mayo del 2011.

VOTAR POR OLLANTA: ¿POLITICAMENTE INCORRECTO?

Escribe: Américo Aguirre Abarca (*)

Si no caímos bajo la seducción del canto de sirena de la derecha “desideologizada”, ni votamos por “la consigna PPK”, fue por una simple razón: nuestra vocación socialista y nuestra indeclinable posición de izquierda.

ILUSTREMONOS

El profesor Rodrigo Borja, ex presidente del Ecuador y líder del partido “Izquierda Democrática”, nos ilustra: “en una sociedad dada y en un momento determinado son de izquierda las personas, los partidos y las instituciones que pugnan por el cambio social hacia adelante, y de derecha los que se oponen a toda mutación en la forma de organización imperante, bajo cuyo amparo florecen privilegios y prerrogativas en beneficio de las clases o capas sociales hegemónicas”.

Bajo tal premisa, ser de izquierda ha de significar, por ejemplo, identificar la ecuación democracia burguesa igual a “dinerocracia” – lo hemos podido comprobar en la primera vuelta -, el sistema democrático, el sacrosanto sistema que a través de las finanzas  y el marketing nos utiliza cada cinco años como material electoral desechable.

En estos nuevos tiempos, ser de izquierda, significaría también participar en la ecología socialista que cuestiona – junto al espíritu de Juan Pablo II – , el carácter contaminante y depredador del “capitalismo salvaje”.

“EL PERU NECESITA UNA IZQUIERDA LEAL A SUS PRINCIPIOS”

El titulo no nos pertenece, corresponde al Órgano del Comité Central de “Patria Roja”, organización política excomulgada por el sistema y sus grandes medios. Su mensaje medular dice: “Nueva Carta Constitucional para fundar una Nueva República”.

En su tesis sobre los cinco monopolios del capitalismo contemporáneo, Samir Amin – en los 90s serio aspirante al Premio Nobel de Economía – al referirse al “Monopolio de los Medios de Comunicación” afirma “dicho monopolio no solo lleva a la uniformidad cultural, sino que abre la puerta a nuevos medios de manipulación política”.

En el amor – dice el pueblo – y en la política así como en el futbol “todo vale”. En esta campaña el único argumento y herramienta de manipulación política de la derecha es: el miedo. Todos los medios bajo su control y a su servicio lo difunden profusa y cotidianamente.

Es inocultable -  además – el temperamento fascista de su millonaria campaña. Ahí están sus voceros mediáticos, entre otros, Aldo Mariátegui y Rosa María Palacios. Con eficiencia tecnocrática  arrasan con los entrevistados que resultan incómodos a su parecer. Sus víctimas – las hemos visto – las simpática Marisol Espinoza – candidata en la plancha presidencial de Gana Perú – fue la primera. El siguiente, el sendorólogo Carlos Tapia – vocero de Ollanta – quien al día siguiente de ser agredido en “Prensa Libre”, programa de la señora Palacios, fue tildado de inmediato como “Matón de Esquina”, por el diario “Expreso”, otro vocero del coro de la reacción.

Para los grandes medios, la necesidad y el clamor nacional por el cambio de la actual  Constitución Política, equivale al “Apocalipsis”; es “un salto al vacío”; “una propuesta indecente”; “una herejía comunista”; ¡Terror! Una consigna chavista! En definitiva, tirar al tacho de basura de la historia este modelo económico y la Constitución neo-liberal  del 93, se considera una posición “políticamente incorrecta”.

Siguiendo esa lógica, “Puede haber en nuestros días – dice cierta publicación religiosa – alguien más digno de reprobación que una persona políticamente incorrecta? ¿A quién se le llama políticamente incorrecto? A aquel que no cede, que no rebaja sus valores, que no negocia principios; aquel que no piensa como la mayoría y no acepta lo que todos aceptan”.

DAVID CONTRA GOLIAT

El pasado 29 de marzo, en conferencia política realizada en la sede central de la Universidad Peruana “Unión”, el candidato Ollanta afirmo: “estamos en unas elecciones donde nos enfrentamos no a partidos políticos sino a una poderosa maquinaria que controla el dinero, los medios, las instituciones como el Jurado Nacional de Elecciones, el Poder Judicial, La Iglesia. Es como David contra Goliat. Y el mínimo error puede ser fatal porque lamentablemente tenemos un pueblo emocionalmente muy grande, un pueblo que quiere y anhela justicia, pero no está educado en democracia y ciudadanía. Es fácil para esa maquinaria subir el dólar y bajar las cotizaciones de la Bolsa y echar la culpa a Ollanta. Crear miedo, aterrorizar es una de sus poderosas armas”. ¿Nos alinearemos en las filas de David para derrotar al miedo?.

VANGUARDIA APRISTA

La presente reflexión se identifica con la línea de “Vanguardia Aprista” y su mensaje central: “el voto aprista será un voto útil y sin compromiso por el centroizquierda que representa Ollanta Humala”. Somos solidarios con la posición consecuente de Luis Alberto Salgado y de Jesús Guzmán Gallardo. Nos adherimos a la prédica patriótica de “Norte Unido: Comité Faustino Sánchez Carrión”, núcleo político que preside en Trujillo, Alejandro Santa María, compañero, discípulo de la última generación que guió Víctor Raúl; apartado en definitiva del Partido del Pueblo, por intrigas de un dirigente nacional sin historia aprista. Aquel personaje que jamás militó bajo la égida gloriosa de Haya de La Torre. Muy versado en macartismo – anticomunismo trasnochado – pero que nunca toco ni siquiera el forro de “El Antiimperialismo y el APRA”. Aquel Lobbysta de transnacionales petroleras, mineras y madereras que arrasan y contaminan nuestra Selva Amazónica. Aquel personaje que al principio de la presente campaña “quemó”, la opción electoral del Partido del Pueblo, en su desmedido y egoísta afán de mantener su “quasi vitalicia” curul parlamentaria. Aquel personaje que en la última década ha sido el mejor sirviente de la derecha peruana y del Imperio: su nombre: Jorge del Castillo.

(*) Docente Universitario y Analista Político.

La utopía es el único camino

Escribe: Miguel Angel Izaga Vila

Dentro de unos meses nos encontraremos frente a la oportunidad de refundar la forma cómo se maneja la política en nuestro país. Esta es una tarea que nos concierne a todos y debemos aceptarla con alegría, esperanza, pero sobretodo con responsabilidad, pues el futuro de todos los peruanos, y en especial el de los que menos oportunidades para su desarrollo tienen, dependerá en gran medida de como nos encuentre el día de la votación.

Todos somos conscientes de las problemáticas sociales que sufre nuestro país, basicamente producidas por la falta de una virtud importantísima, no solo en quienes tienen la responsabilidad de procurarnos una mejor calidad de vida, sino también en nosotros mismos. Esta virtud es la tan solicitada justicia que muchos piden a gritos y reclaman en las autoridades, pero que olvidan practicar en sus propias vidas. Usted amigo lector,  ¿se hace justicia?

Piense si voto informado en las últimas elecciones o si le importo enterarse siquiera de las propuestas que los entonces candidatos ofrecían para nuestra capital. Algunos estoy seguro que así lo hicieron, pero lamentablemente, y no tengo que hacer ninguna investigación previa para decirlo, la gran mayoría boto su voto, pues lo ejercieron en base a las percepciones que les iban dejando las sonrisas con las que cada uno de los rostros que prometían una mejor ciudad terminaban sus discursos, en base a los prejuicios que maliciosamente les iban implantando en la mente la prensa vendida e irresponsable para con sus obligaciones de informar con la verdad, y hasta en base a cómo había sido el desempeño de los candidatos en la pista de baile de un conocido “showngo” de televisión. Todo menos a indagar por la ideología política que estos hombres representaban, cuando en realidad era ésto por donde se tuvo que haber comenzado la siempre esquiva “fiesta democrática”.

Y no reniego de los resultados por el que tenemos a Susana Villarán en la alcaldía desde enero de este año (muy por el contrario me siento satisfecho y tranquilo), sino por el poco espíritu crítico que acompaño al voto de millones de limeños que circunstancialmente favoreció a la alternativa correcta. Quien sabe si con una semanita más, la candidata del establishment, Lourdes Flores Nano, aprovechaba lo fácil que es manipular el voto popular y con la ayuda de sus aliados en la prensa, y en todos los niveles de poder, conseguía esos cerca de 40 mil “botos” que hacían falta para negarle la oportunidad de cambio a Lima.

El triunfo de la esperanza sobre el miedo en las pasadas elecciones municipales debe repetirse en las generales. ¡Que sean las creencias y no la suerte las que nos lleven a éste!

Tengo miedo, pues decisiones aún más importantes serán confiadas nuevamente en abril próximo a la misma masa de personas que votaron por la mejor sonrisa, el mejor floro o el mejor bailarín en las elecciones pasadas.

Consideremos que provincias, que es donde se concentra dos tercios de la votación nacional, se encuentra más desatendido educativa y culturalmente, con lo que la preferencia electoral resulta más sencilla de manipular.

El racismo no se hace esperar y empiezan a escucharse comentarios como el que si “es cholo como nosotros, votaremos por él”; las obras públicas llevadas a cabo con fines electorales y sin ningún plan urbanístico recobrán su principal finalidad y reclaman a gritos su cuota de votos, y la mediocridad fuertemente afincada en aquellos que con añoranza recuerdan dictaduras pasadas de corte oriental, que “robaron pero hicieron”, se hacen también presentes. Así de fácil se desperdicia el 68% de la preferencia electoral en las tres candidaturas del pelotón de adelante -según la última encuesta nacional urbano-rural elaborada por Ipsos Apoyo- que lejos de promover reformas sociales que permitan la redistribución del crecimiento, del que tanto se habla, en los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad, llevan el estandarte de la continuidad y el de la defensa de la ignorancia, que tienen asegurada en nuestra sociedad gracias a los medios de comunicación, sin los cuales su plan de estupidización no sería posible. Anular la capacidad de reacción gregaria es el objetivo. Volvernos imperturbables a los problemas sociales les permitirán llegar al poder político y desde ahí seguir controlando el poder económico a su favor.

La esperanza es lograr la concientización de las masas, una tarea complicada y para algunos un tanto utópica. Ya que debemos lograr en los pocos meses que nos quedan antes de las elecciones una ideologización del voto, para que la gente vea lo que realmente le conviene y no siga cayendo en el juego de los grandes capitales.

Decía Ernesto Sabato que sólo quienes eran capaces de encarnar la llamada utopía serían aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad se haya perdido. Y son estos hombres y mujeres los que necesitamos para hacerles justicia a cuantos hayan perdido la esperanza de una vida digna, a los permanentemente postergados por el estado y a los que víctimas de su dejadez han olvidado como hacercela a sí mismos.

Mario Vargas Llosa y su posición sobre la legalización de la marihuana

Por Mario Vargas Llosa
Escritor. Premio Nobel de Literatura 2010

Los electores del estado de California rechazaron el martes 2 de noviembre legalizar el cultivo y el consumo de marihuana por 53% de los votos contra 47%, una decisión a mi juicio equivocada. La legalización hubiera constituido un paso importante en la búsqueda de una solución eficaz del problema de la delincuencia vinculada al narcotráfico que, según se acaba de anunciar oficialmente, ha causado ya en lo que va del año en México la escalofriante suma de 10.035 muertos.

Esta solución pasa por la descriminalización de las drogas, idea que hasta hace relativamente poco tiempo era inaceptable para el grueso de una opinión pública convencida de que la represión policial de productores, vendedores y usuarios de estupefacientes era el único método legítimo para acabar con semejante plaga. La realidad ha ido revelando lo ilusorio de esta idea, a medida que todos los estudios señalaban que, pese a las astronómicas sumas invertidas y la gigantesca movilización de efectivos para combatirla, el mercado de la droga ha seguido creciendo, extendiéndose por el mundo y creando unos carteles mafiosos de inmenso poder económico y militar que, como se está viendo en México desde que el presidente Calderón decidió enfrentarse, con el Ejército como punta de lanza, a los jefes narcos y sus pandillas de mercenarios, pueden combatir de igual a igual, gracias a su poderío, con estados a los que tienen infiltrados mediante la corrupción y el terror.

Los millones de electores californianos que votaron por la legalización de la marihuana son un indicio auspicioso de que cada vez somos más numerosos quienes pensamos que ha llegado la hora de cambiar de política frente a la droga y reorientar el esfuerzo, de la represión a la prevención, cura e información, a fin de acabar con la criminalidad desaforada que genera la prohibición y los estragos que los carteles del narcotráfico están infligiendo a las instituciones democráticas, sobre todo en los países del Tercer Mundo. Los carteles pueden pagar mejores salarios que el Estado y de este modo neutralizar o poner a su servicio a parlamentarios, policías, ministros, funcionarios, financiar campañas políticas y adquirir medios de comunicación que defiendan sus intereses. De este modo dan trabajo y sustento a innumerables profesionales contratados en las industrias, comercios y empresas legales en las que lavan sus cuantiosas ganancias. Esa dependencia de tanta gente de la industria de la droga crea un estado de ánimo tolerante o indiferente frente a lo que ella implica, es decir, la degradación y desplome de la legalidad. Ese es un camino que conduce, tarde o temprano, al suicidio de la democracia.

La legalización de las drogas no será fácil, desde luego, y, en un primer momento, como señalan sus detractores, traerá sin duda un aumento del consumo, sobre todo, en sectores juveniles. Por eso, la descriminalización solo tiene razón de ser si viene acompañada de intensas campañas informativas sobre los riesgos y perjuicios que implica su consumo, semejantes a las que han servido para reducir el consumo del tabaco en casi todo el mundo, y de esfuerzos paralelos para desintoxicar y curar a las víctimas de la drogadicción.

Pero el efecto más positivo e inmediato será la eliminación de la criminalidad que prospera exclusivamente gracias a la prohibición. Como ocurrió con las pandillas de gángsteres que se volvieron todopoderosas y llenaron de sangre y de muertos a Chicago, Nueva York y otras ciudades norteamericanas en los años de la prohibición del alcohol, un mercado legal acabará con los grandes carteles, privándolos de su cuantioso negocio y arruinándolos. Como el problema de la droga es fundamentalmente económico, económica tiene también que ser su solución.

La legalización traerá a los estados unos enormes recursos, en forma de tributos, que si se emplean en la educación de los jóvenes y la información del público en general sobre los efectos dañinos para la salud que tiene el consumo de estupefacientes puede tener un resultado infinitamente más beneficioso y de más largo alcance que una política represiva, la que, aparte de causar violencias vertiginosas y llenar de inseguridad la vida cotidiana, no ha hecho retroceder un ápice la drogadicción en ninguna sociedad. En un artículo publicado en “The New York Times” el 28 de octubre, el columnista Nicholas D. Kristof cita una investigación presidida por el profesor de Harvard Jeffrey A. Miron en la que se calcula que solo la legalización de la marihuana en todo Estados Unidos haría ingresar anualmente unos 8 mil millones de dólares en impuestos a las arcas del Estado, a la vez que le ahorraría a este una suma equivalente invertida en la represión. Esa gigantesca inyección de recursos volcada en la educación, principalmente en los colegios de barrios pobres y marginales de donde sale la inmensa mayoría de drogadictos, reduciría en pocos años de manera drástica el tráfico de drogas en ese sector social que es el responsable del mayor número de hechos de sangre, de la delincuencia juvenil y el desquiciamiento familiar.

Nicholas D. Kristof cita también la conclusión de un estudio realizado por ex policías, jueces y fiscales de Estados Unidos, donde se afirma que la prohibición de la marihuana es la principal responsable de la multiplicación de pandillas violentas y carteles que controlan la distribución y venta de la droga en el mercado negro obteniendo con ello “inmenso provecho”. Para muchos jóvenes pobladores de los guetos negros y latinos, ya muy golpeados por el desempleo que ha provocado la crisis financiera, esa posibilidad de ganar dinero rápido delinquiendo resulta un atractivo irresistible.

A estos argumentos ‘pragmáticos’ a favor de la descriminalización de las drogas sus adversarios suelen responder con un argumento moral. ¿Debemos, pues, rendirnos, alegan, al delito en todos los casos en que la policía se muestre incapaz de atajar al delincuente, y legitimarlo? ¿Esa debería ser la respuesta, por ejemplo, ante la pedofilia, la brutalidad doméstica, la violencia de género, fenómenos que, en vez de disminuir, aumentan por doquier? ¿Bajar los brazos y rendirnos, autorizándolas, ya que no ha sido posible eliminarlas?

No se debe confundir el agua y el aceite. Un Estado de derecho no puede legitimar los crímenes ni los delitos sin negarse a sí mismo y convertirse en un Estado bárbaro. Y un Estado tiene la obligación de informar a sus ciudadanos sobre los riesgos que corren fumando, bebiendo alcohol o drogándose, por supuesto. Y de sancionar y penalizar con severidad a quien, por fumar, emborracharse o drogarse causa daños a los demás. Pero no parece muy lógico ni coherente que si esta es la política que siguen todos los gobiernos en lo que concierne al tabaco y al alcohol, no la sigan también en el caso de las drogas, incluidas las drogas blandas, como la marihuana y el hachís, pese a estar más que probado que el efecto pernicioso de estas últimas para la salud no es mayor, y acaso sea menor, que el que producen en el organismo los excesos de tabaco y de alcohol.

No tengo la menor simpatía por las drogas, blandas o duras, y la persona del drogado, como la del borracho, me resulta bastante desagradable, la verdad, además de cargosa y aburrida. Pero también me disgusta profundamente la gente que en mi delante se escarba la nariz con los dedos o usa mondadientes o come frutas con pepitas y hollejos y no se me ocurriría pedir una ley que les prohíba hacerlo y los castigue con la cárcel si lo hacen. Por eso, no veo por qué tendría el Estado que prohibir que una persona adulta y dueña de su razón decida hacerse daño a sí misma, por ejemplo, fumando porros, jalando coca, o embutiéndose pastillas de éxtasis si eso le gusta o alivia su frustración o su desidia. La libertad del individuo no puede significar el derecho de poder hacer solo cosas buenas y saludables, sino, también, cosas que no lo sean, a condición, claro está, de que esas cosas no dañen o perjudiquen a los demás. Esa política, que se aplica al consumo de tabaco y alcohol, debería también regir el consumo de drogas. Es peligrosísimo que el Estado empiece a decidir lo que es bueno y saludable y malo y dañino, porque esas decisiones significan una intromisión en la libertad individual, principio fundamental de una sociedad democrática. Por ese camino se puede llegar insensiblemente a la desaparición de la soberanía individual y a una forma encubierta de dictadura. Y las dictaduras, ya lo sabemos, son infinitamente más mortíferas para los ciudadanos que los peores estupefacientes.

Madrid, noviembre del 2010

La Hora de la Izquierda

Escribe: Sinesio López Jiménez

Extraído del diario “La República” 28/10/2010

La CEPAL acaba de publicar un documento valiente que constituye una severa llamada de atención a todos los gobiernos de AL, especialmente a los gobiernos neoliberales. La hora de la igualdad, Brechas por cerrar, caminos por abrir, se llama el documento cepalino que va a levantar, sin duda, grandes debates académicos y políticos. La filosofía política establece una diferencia central entre igualdad y justicia: la primera es neutra mientras la segunda tiene un sentido axiológico. La igualdad no es de por sí un valor, dice Bobbio en un libro especialmente dedicado al tema (Eguaglianza e Liberta, 1995), sino que lo es tan sólo en la medida en que ella es una condición necesaria, aunque no suficiente, del equilibrio interno de la sociedad como un todo.

Bobbio diferencia las situaciones de justicia de la regla de justicia y del criterio de justicia. Las primeras aluden a las esferas de aplicación de la justicia en las que es relevante que haya o no igualdad, dando lugar a la justicia conmutativa (relaciones equitativas entre las partes), a la justicia distributiva (relación armoniosa entre el todo y las partes), a la justicia retributiva (a cada uno se le da según lo que le corresponde) y a la justicia atributiva (a todos por igual). El criterio de justicia (o esferas de la justicia de Walzer) es el establecimiento de un patrón deseable de igualdad en las diversas situaciones en las que ella se aplica: en la familia, es la necesidad; en la escuela, el mérito; en una empresa, las cuotas de acciones. Por regla de justicia se entiende la norma según la cual se deben tratar a los iguales de modo igual y a los desiguales de modo desigual.

 

Es necesario diferenciar, sin embargo, las igualdades de carácter jurídico de la igualdad de oportunidades. Entre las primeras están la igualdad frente a la ley, la igualdad de derecho, la igualdad en los derechos y la igualdad jurídica. La igualdad frente a la ley es la eliminación de toda discriminación no justificada. La igualdad de derecho es la igualdad formal por contraposición a la sustancial. La igualdad de derechos es la igualdad en el goce de derechos fundamentales reconocidos por la constitución. La igualdad de oportunidades es, en cambio, la igualdad en el punto de partida en una situación en la que compiten personas que son económica y socialmente desiguales. El principio de la igualdad de oportunidades es el fundamento del Estado socialdemócrata mientras la igualdad frente a la ley lo es del Estado liberal. El nuestro ni siquiera es un Estado liberal porque la ley no llega a todo el territorio ni a todas las clases sociales por igual.

Un tema central en el mundo actual es la relación entre igualdad y libertad. Existe entre ellos una tensión que puede transformarse en una contradicción cuando se privilegia uno de los polos en desmedro del otro. Este es el caso de las economías de neoliberalismo extremo que potencian al máximo la libertad y la voracidad individual, pero limitan y bloquean el desarrollo de la igualdad. Según la CEPAL, los países latinoamericanos son los más desiguales del mundo. La distancia en AL entre el Quintil 5 y el Quintil 1 es 17 veces mientras ella en el Grupo de los Siete es sólo 7 veces y en USA, 8 veces. La distancia en AL entre el Decil 10 y el Decil 1 es 34 veces, mientras en el Grupo de los Siete es sólo 12 veces y en USA, 16 veces. Lo que pagan los ricos en AL como impuesto a la renta es sólo el 0.9 del PBI mientras los ricos europeos (OCDE) pagan 8.9 del PBI.

Si esta es la hora de la igualdad en AL, como dice la CEPAL, entonces (digo yo) esta es también la hora de la izquierda. Si hay algo que caracteriza a la izquierda eso es la lucha por la igualdad de oportunidades. ¿Existe acaso otra fuerza política que pueda encargarse de esta tarea impostergable?. No. Todos los candidatos de la derecha, avalados por García, apoyan al modelo neoliberal extremo que ha reforzado la desigualdad. Ojalá la izquierda esté a la altura de este enorme desafío.

Falacias de la Democracia

Escribe: Ángel Cappelletti

Ángel Cappelletti (1927-1995) nació y murió en Rosario, Argentina. Filósofo egresado de la Universidad de Buenos Aires. Vivió en Venezuela entre 1968 y 1994, tiempo en el cual desarrolló una inmensa labor de investigación filosófica y política, estudiando a clásicos como Heráclito, Séneca y Marco Aurelio e investigando la historia y el pensamiento anarquista mundial y latinoamericano, fruto de lo cual publicó más de 40 libros. Este artículo ha sido extraído del periódico “cnt” de Bilbao.
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La palabra “democracia” y, por ende, el mismo concepto que ella designa, tienen su origen en Grecia. Parece, pues, lícito, y aun necesario, recurrir a la antigua lengua y cultura de la Hélade cuando se intenta comprender el sentido de dicha palabra, tan llevada y traída en nuestro tiempo.

Para los griegos, “democracia” significaba “gobierno del pueblo”, y eso quería decir simplemente “gobierno del pueblo”, no de sus “representantes”. En su forma más pura y significativa, llevada a la práctica en la Atenas de Pericles, implicaba que todas las decisiones eran tomadas por la Asamblea Popular, sin otra intermediación más que la nacida de la elocuencia de los oradores. El pueblo, reunido en la Ekklesía, nombraba jueces y generales, recaudadores y administradores, financistas y sacerdotes. Todo mandatario era un mandadero. Se trataba de una democracia directa, de un gobierno de todo el pueblo. Pero ¿qué quería decir aquí “pueblo” (demos)? Quería decir ” el conjunto de todos los ciudadanos”. De ese conjunto quedaban excluidos no sólo los esclavos sino también las mujeres y los habitantes extranjeros (metecos). Tal limitación reducía de hecho el conjunto denominado “pueblo” a una minoría.

La democracia directa de los griegos, que en lo referente a su principio y su forma general, aparece como cercana a un sistema de gobierno ideal, se ve así desfigurada y negada en la práctica por las instituciones sociales y los prejuicios que consagran la desigualdad (esclavitud, familia patriarcal, xenofobia).

Por otra parte, a esta limitación intrínseca se suma en Atenas otra, que proviene de la política exterior de la ciudad. En su momento de mayor florecimiento democrático desarrolla ésta una política de dominio político y económico en todo el ámbito del Mediterráneo. Somete directa o indirectamente a muchos pueblos y ciudades y llega a constituir un imperio marítimo y mercantil.

Ahora bien, esta política exterior contradice también la democracia directa. Una ciudad no puede gozar de un régimen tal en su interior e imponer su prepotencia tiránica hacia afuera. El imperialismo, en todas sus formas, es incompatible con una auténtica democracia. Los atenienses no dejaron de cobrar conciencia de ello y Tucídedes reporta los esfuerzos que hicieron por conciliar ambos extremos inconciliables. Cleón acaba por expresar su convicción de que “la democracia es incapaz de imperio”.

La democracia moderna, instaurada en Europa y América a partir de la Revolución Francesa, a diferencia de la originaria democracia griega, es siempre indirecta y representativa. El hecho de que los Estados modernos sean mucho más grandes que los Estados-ciudades antiguos hace imposible -se dice- un gobierno directo del pueblo. Este debe ejercer su soberanía a través de sus representantes. No puede gobernar sino por medio de aquellos a quienes elige y en quienes delega su poder.

Pero en esta misma formulación está ya implícita una falacia. El hecho de que la democracia directa no sea posible en un Estado grande no significa que ella deba de ser desechada: puede significar simplemente que el Estado debe ser reducido hasta dejar de serlo y convertirse en una comuna o federación de comunas. Entre los filósofos de la Ilustración, teóricos de la democracia moderna, Rousseau y Helvetius vieron muy bien la necesidad de que los Estados fueran lo más pequeños posible para que pudiera funcionar en ellos la democracia.

Pero ya en esa misma época comienza algunos autores a oponer “democracia” y “república”, lo cual quiere decir, “democracia directa” y “democracia representativa”. Los autores de The Federalist y muchos de los padres de la constitución norteamericana, como Hamilton, se pronuncian, sin dudarlo mucho, por la segunda, entendida como “delegación del gobierno en un pequeño número de ciudadanos elegidos por el resto”. No podemos dejar de advertir que aquí el pueblo es simplemente un “resto”.

Con Stuart Mill, sin embargo, este “resto” se define como la totalidad de los seres humanos, sin distingos de rango social o de fortuna. “There ought to be no pariahs in a fullgrown and civilized nation, except through their own default”. [1] Sólo los niños, los débiles mentales y criminales quedan excluídos.

Pero esta idea del sufragio universal tropieza enseguida con una grave dificultad. El ejercicio de la libertad política y del derecho a elegir resulta imposible sin la igualdad económica. La gran falacia de nuestra democracia consiste en ignorarlo. Esto no lo ignoraban los miembros del Congreso constituye de Filadelfia que proponían el voto calificado y querían que sólo pudieran elegir y ser elegidos los propietarios. Hamilton afamaba: “A power over a man’s subsistence amounts to a power over his will” [2]. El mismo Kant hacía notar agudamente que el sufragio presupone la independencia económica del votante y dividía a todos los ciudadanos en “activos” y “pasivos”, según dependieran o no de otros en su subsistencia. Pero lo que de aquí se debe inferir no es la necesidad de establecer el voto calificado o el voto plural, como pretenden algunos conservadores, sino, por el contrario, la necesidad de acabar con las desigualdades económicas, si se pretende tener una auténtica democracia. Ya antes de Marx, los así llamados “socialistas utópicos”, como Saint-Simon, veían claramente que no puede haber verdadera democracia política sin democracia económica y social. ¿Quién puede creer que la voluntad del pobre está representada en la misma medida que la del rico? ¿Quién puede suponer que la preferencia política del obrero o del marginal tiene el mismo peso que del gran comerciante o la del banquero? Aunque según la ley todos los votos sean equivalentes y todos los ciudadanos, tanto el que busca su comida en los basurales como el que se recrea con las exquisiteces de los resturantes de lujo, tengan el mismo derecho a postularse para la presidencia de la república, nadie puede dejar de ver que esto no es sino una ficción llena de insoportable sarcasmo. Y no es sólo la desigualdad económica en sí misma la que torna írrita la pretensión de igualdad política en la democracia representativa y el sufragio universal. Lo mismo sucede con la desigualdad cultural que, en gran medida, deriva de la económica. Una auténtica democracia supone iguales oportunidades educativas para todos; supone, por una parte, que todos los ciudadanos tengan acceso a todas las ramas y todos los niveles de la educación, y, por otra, que toda formación profesional y toda especialización deban ser precedidas por una cultura universal y humanística. Pero en nuestras modernas democracias y, particularmente, en la norteamericana arquetípica, la educación resulta cada día más costosa y más inaccesible a la mayoría, mientras la ultra-especialización alienante se impone cada vez más sobre la formación humanística y sobre lo que Stuart Mill llamaba “school of public spirit”.

Por otra parte, hoy no se trata sólo de las desiguales oportunidades de educación que en un pasado bastante reciente oponían la masa de los ingnorates a la élite de los hombre cultos. La inmensa mayoría de los gobernantes es lamentablemente inculta, incapaz de pensar con lógica y de concebir ideas propias. Bien se puede hablar en nuestros días de la recua gubernamental.

Y no podemos entrar en el terreno de la cultura moral. Si la democracia se basa; como dice Montesquieu, en la virtud, y medimos la virtud de una sociedad por la de sus “representantes”, es obvio que nuestra democracia representativa carece de base y puede hundirse en cualquier momento.

De todas maneras, estos hechos indudables (sobre todo en América Latina) nos fuerzan a replantear uno de los más profundos problemas de toda democracia representativa: el del criterio de elegibilidad. Si el conjunto de los ciudadanos de un Estado debe escoger de su seno a un pequeño grupo de hombres que lo represente y delegar permanentemente todo su poder en ese grupo, será necesario que cuente con un criterio para tal elección. ¿Por qué designar a fulano y no a mengano? ¿Por qué a X antes que a Z? Se trata de aplicar el principio de razón suficientes. Ahora bien, a este principio parece responder, desde los inicios de la democracia moderna en el siglo XVIII, la norma de la elegibilidad de los más justos y los más ilustrados. Se supone que ellos son los mas aptos para administrar, legislar y gobernar en nombre de todos y en beneficio de todos. Se supone asimismo que la masa de los ciudadanos ha recibido la educación intelectual y moral requerida para discernir quiénes son los más justos y los más ilustrados. Todo esto es, sin duda, demasiado suponer. Pero, aún sin entrar a discutir tales suposiciones, lo indiscutible es que, en el actual sistema de democracia representativa, la propaganda y los medios de comunicación, puestos al servicio del gobierno y de los partidos políticos, de los intereses de los grandes grupos económicos y, en general, de la sobrevivencia y la consolidación del sistema, manipulan y deforman de tal manera las mentes de los electores que éstos, en su inmensa mayoría, resultan incapaces de formarse un juicio independiente y de hacer una elección de acuerdo con la propia conciencia. En algunos casos extremos, cuando la democracia representativa ‘entra en crisis, debido a un general e inocultable deterioro de los valores que supuestamente la fundamentan, la mayoría abjura del sistema y reniega de los partidos, pero aún así se muestra incapaz de asumir el poder que le corresponde y de autogestionar la cosa pública. El condicionamiento pavloviano es tan potente que, después de cada explosión popular, se da siempre una reordenación de los factores de poder y, cuando eso no se logra satisfactoriamente, se produce una explosión militar. Pero el sistema sobrevive y el capitalismo de la “libre empresa” y la “libre competencia” campea por sus fueros sin que lo adversa siquiera el viejo capitalismo de Estado (alias “comunismo”). Aquí está la clave del entusiasmo del Pentágono y de la CIA, de la Casa Blanca y del FMI por la “democracia representativa” en América Latina y en el mundo.

Es evidente, pues, que el criterio de elegibilidad no es el de “moral y luces” sino el de “acatamiento y adaptabilidad” (al status quo). Para que los más justos y los más sabios fueran elegidos sería preciso, entre otras cosas, que se eligiera a quienes no quieren ser elegidos.

La gran ventaja que la democracia representativa tiene, a los ojos de los poderosos del mundo, consiste en que con ella el pueblo cree elegir a quienes quiere, pero elige a quienes le dicen que debe querer. El sistema cuida de que todo pluralismo no represente sino variantes de un único modelo aceptable. Las leyes se ocupan de fijar los límites de la disidencia y no permiten que ésta atente seriamente contra el poder económico y el privilegio social. Se trata de cambiar periódicamente de gobernantes para que nunca cambie el Gobierno; de que varíen los poderes para que permanezca el Poder. Esto siempre fue así, pero se ha tornado mucho más claro para los latinoamericanos desde el fin de la Guerra Fría, con el nuevo orden mundial de Reagan y Bush. Por otra parte, la democracia representativa implica en su propio concepto una grave falacia. ¿Cómo se puede decir que el diputado o el presidente que yo elijo representa mi voluntad, cuando dura en su cargo cuatro o cinco años y mi voluntad varía, sin duda alguna, de año en año, de mes en mes, de hora en hora, de minuto a minuto? Afirmar tal cosa equivale a congelar el libre albedrío de cada ciudadano en un instante inmutable y negar al hombre su condición de ser pensante por un cuatrienio o un quinquenio. No hay falacia más ridícula que la del mandatario que afirma que la mayoría lo apoya porque hace cuatro años lo votó. Pero, aún si nos situáramos en los supuestos de la representatividad, deberíamos preguntarnos: Cuando yo elijo a un diputado, ¿éste es un simple emisario de mi voluntad, un mandadero, un portavoz de mis ideas y decisiones, o lo elijo porque confío absolutamente en él, a fin de que él haga lo que crea conveniente?.

 

 

En el primer caso, no delego mi voluntad sino que escojo simplemente un vehículo para darla a conocer a los demás. Si esta concepción se lleva a sus últimas consecuencias, la democracia representativa se convierte en democracia directa. En el segundo caso, no sólo delego mi voluntad, sino que también abjuro de ella, mediante un acto de fe en la persona de quien elijo. Si esta concepción se lleva a sus últimas consecuencias la democracia representativa desemboca en gobierno aristocrático u oligárquico.

En el primer caso, el representante es un simple mensajero, en nada superior, sino más bien inferior, a quien lo envía. En el segundo, no se ve por qué el representante debe ser elegido por el voto popular, ya que por sus propios méritos puede confiscar definitivamente la voluntad de los demás. Más valdría entonces aceptar la teoría conservadora de Burke acerca de la representación virtual, según la cual inclusive quienes no votan están representados en el gobierno cuando realmente desean el bien del Estado. La democracia representativa se enfrenta así a este dilema: o los gobernantes representan real y verdaderamente la voluntad de los electores, y entonces la democracia representativa se transforma en democracia directa, o los gobernantes no representan en sentido propio tal voluntad, y entonces la democracia deja de serlo para convertirse en aristocracia. Stuart Mill, que era un liberal sincero, no gustaba de la aristocracia, pero tampoco se atrevía a postular una democracia directa y, por eso, proponía un camino intermedio. Para él, los gobernantes elegidos por el pueblo deben gozar de cierta iniciativa personal al margen de la voluntad de sus electores y, aún cuando siempre han de considerarse responsables ante éstos, no deben ser sometidos a plebiscitos o juiciospopulares. El filósofo inglés llega hasta donde puede llegar un liberal que no osa ser libertario. Como los autores de The Federalist, que se decían “republicanos” y no “demócratas”, considera necesario el liderazgo de los hombres justos e ilustrados para el desarrollo político del pueblo, cuyo buen sentido ha de ser iluminado por la sabiduría de aquéllos. Tal concesión a la aristocracia del saber suscita, sin embargo, algunas objeciones. Un diputado puede saber de finanzas, o de educación, o de agricultura, o de política internacional, o de salud pública, pero no puede saber de todas esas cuestiones al mismo tiempo. Sin embargo, en los debates parlamentarios puede opinar y debe votar sobre todas ellas. Es obvio que opinará y votará sobre lo que no sabe. Opinará y votará, pues, con frecuencia, no como hombre ilustrado, sino como ignorante. ¿Cómo puede un ignorante contribuir al desarrollo político del pueblo? Se dirá que puede asesorarse con los expertos o “sabios” que tiene a su disposición. Pero, si se trata de aprender de quienes saben, también pueden hacerlo los electores sin necesidad de delegar su ignorancia en ningún representante.

La democracia representativa se vincula, por lo común, con los partidos políticos y no funciona sino a través de ellos. Es dudoso, sin embargo, que se trate de una vinculación necesaria y esencial ya que bien se puede concebir una representación estrictamente grupal o personal. Nada impide imaginar que los partidos sean remplazados por grupos de electores formados “ad hoc” o que el electorado vote sólo por personas con nombres y apellidos cuyos programas de gobierno hayan sido dados a conocer previamente. Es una falacia más, por consiguiente, aunque no de las más graves, afirmar que no puede existir democracia indirecta sin partidos políticos.

El papel desempeñado por éstos origina, de hecho, algunas de las mas serias contradicciones que dicha democracia implica. Los partidos representan intereses de clases o de grupos y se fundan en una ideología. Ellos proponen al electorado las candidaturas y establecen las listas de los elegibles. Ahora bien, es muy posible que un ciudadano no se indentifique con ninguna de las clases o grupos representados por los partidos existentes y que no comparta ninguna de sus ideo logías. ¿Tendrá que votar por alguien que no expresa de ninguna manera sus intereses y su modo de pensar? Le queda el recurso -se dirá- de fundar un nuevo partido. Pero es obvio que éste es un recurso puramente teoríco, ya que en la práctica la función de un partido político (y sobre todo de uno que tenga alguna probabilidad de acceder al gobierno) resulta nula no sólo para los ciudadanos individuales sino también para casi todos los grupos formados en torno a una idea nueva y contraria a los intereses dominantes.

En general, el elector elige a ciegas, vota por hombres que no conoce, cuya actitud y cuyo modo de pensar ignora y cuya honestidad no puede comprobar. Vota haciendo un acto de fe en su partido (o, por mejor decir, en la dirigencia de su partido), con la fe del carbonero, confiando en el azar y en la suerte y no en convicciones racionales. Pero, si esto es así, ¿no sería preferible reintroducir la ticocracia y, en lugar de realizar costosas campañas electorales, sortear los cargos públicos como los premios de la lotería? Este procedimiento no deja de tener un fundamento racional, si se supone que todos los hombres son iguales e igualmente aptos para gobernar.

No deja de ser escandalosamente contradictorio que partidos políticos cuya proclamada razón de existir es la defensa de la democracia en el Estado sean en su organización interna rígidamente verticalistas y oligárquícos. Ello obliga a pensar que la escogencia de los candidatos difícilmente tiene algo que ver con la honestidad, con el saber o siquiera con la fidelidad a ciertos principios.

En nuestros días parece advertirse en los partidos políticos un proceso de desideologización. En realidad no se trata de eso sino, más bien, de una creciente uniformación ideológica en la cual el pragmatismo y la tecnocracia encubren una vergonzante capitulación ante los postulados del capitalismo salvaje. Hoy, menos que nunca, optar por un partido significa defender una idea o un programa, frente a otra idea y otro programa. El nuevo orden mundial, cuya bandera es gris, impone la mediocridad como sustituto de la libertad y de la justicia.

Uno de los más ilustres ideólogos de la democracia, Jefferson, el cual sabía bien que el mejor gobierno es el que menos gobierna, confiaba en que el gobierno del pueblo por medio de sus representes aboliría los privilegios de clase sin suprimir las ventajas de un liderazgo sabio y honesto. Al cabo de dos siglos, la historia nos demuestra que tal esperanza no se ha realizado.

Sólo la democracia directa y autogestionaria puede abolir los privilegios de clase y, sin admitir ningún liderazgo, reconocer los auténticos valores del saber y de la moralidad en quienes verdaderamente los poseen.

Notas:
1. “No debe haber parias en una nación desarrollada y civilizada, excepto por propia incapacidad”. (N. de Cravan Editores)
2. “El poder sobre los medios de subsistencia de un hombre aumenta el poder sobre su voluntad”. (N. de Cravan Editores)

¿En nombre de qué?

Esribe: Frei Betto

 Muchos padres, profesores y psicólogos se quejan de que una parte importante de la juventud carece de referencias morales. Innumerables jóvenes se zambullen de cabeza en la onda neoliberal de relativización de los valores. Vuelven público lo privado (véase YouTube), son indiferentes a la política y a la religión, practican el sexo como deporte y, en materia de valores, prefieren los del mercado financiero.

Soy de la generación que cumplió los veinte años en la década de 1960. Generación literalmente innovadora (la bossa era nueva, el cine era nuevo, etc.), que se inyectaba utopía en las venas y se dirigía por ideologías altruistas. Sólo queríamos cambiar el mundo. Derribar las dictaduras, el hambre y la miseria, las desigualdades sociales, el imperialismo y el moralismo.

 

En nombre del mundo sin opresión, que muchos de nosotros identificábamos con el socialismo, luchamos por la emancipación de la mujer, contra el apartheid y en defensa de los pueblos indígenas. Sobre todo trajimos al centro de la atención la cuestión ecológica.

Ya la generación de nuestros padres creía en la indisolubilidad del matrimonio, en la virginidad preconyugal como valor, en la religión como inspiradora de la conducta moral, en la superioridad de la producción sobre la especulación. En nombre de Dios las conciencias estaban marcadas por el estigma del pecado.

Todas las generaciones tienen aspectos positivos y negativos. Si la mía se nutrió de ideologías libertarias, que inocularon en ella el espíritu de sacrificio y de solidaridad, la de mis padres creyó en la perenne estabilidad de las cuatro instituciones básicas de la modernidad: la religión, la familia, la escuela y el Estado.

Esta generación de la primera mitad del siglo XX no logró superar el patriarcado, el prejuicio respecto a quien no le era racial y socialmente semejante, la fe positivista en los beneficios universales de la ciencia y de la tecnología.

La generación posterior, la de la segunda mitad del siglo pasado, promovió la ruptura entre sentimiento y sexualidad, idealizó los modelos soviético y chino de socialismo, con sus gulags y sus ‘revoluciones culturales’, y hoy cambia la militancia revolucionaria por el derecho a ser burguesa sin culpa.

Ahora bien, la creciente autonomía del individuo, pregonada por el neoliberalismo, hace que muchos jóvenes se pregunten: ¿en nombre de qué debemos aceptar otras normas morales además de las que yo decido que me convienen? Y las adoptan convencidos de que ellas tienen plazo de validez tan corto como la hamburguesería de la esquina.

Si la represión marcó a la generación de mis padres y la revolución (política, sexual, religiosa…) la de mi juventud, hoy el estímulo a la perversión amenaza a los jóvenes. Se respira una cultura de desculpabilización, ya que, en la travesía del río, se dio la espalda a la noción de pecado y todavía no se avanzó en la interiorización de la ética. Parafraseando a Dostoievski, es como si Dios no existiese y por tanto todo estuviera permitido.

¿Quién es hoy el enunciador colectivo capaz de dictar, con autoridad, el comportamiento moral? ¿La Iglesia? La católica ciertamente no, pues las encuestas demuestran que la mayoría de sus fieles, a pesar de las prohibiciones oficiales, usa preservativo, no valora la virginidad prematrimonial y frecuenta los sacramentos después de haber contraído una nueva relación conyugal. Las evangélicas todavía insisten en el moralismo individual, sin sentido crítico sobre el carácter antiético de las estructuras sociales y la naturaleza inhumana del capitalismo.

¿Dónde está la voz autorizada? El Estado ciertamente no lo es, ya que establece sus decisiones de acuerdo con el juego del poder y de la contienda electoral. Hoy condena la deforestación de la Amazonía, los transgénicos, el trabajo esclavo, y mañana aprueba lo que haga falta para no perder apoyo político.

El enunciador colectivo, el Gran Sujeto, existe: es el Mercado. Él corrompe niños, induciéndolos al consumismo precoz; corrompe jóvenes, seduciéndolos para priorizar como valores la fama, la fortuna y la estética individual; corrompe familias a través de la hipnosis colectiva televisual que expone en los hogares el entretenimiento pornográfico. Y para proteger sus intereses el Mercado reacciona violentamente cuando se pretende imponerle límites. Furioso, grita que es censura, es terrorismo, es estatización, es sabotaje. ¿Las generaciones futuras conocerán la barbarie o la civilización? ¿La neurosis de la competitividad o la ética de la solidaridad? ¿La globocolonización o la globalización del respeto y de la promoción de los derechos humanos, que es la dimensión social del amor?

Padres, profesores, psicólogos, y todos cuantos se interesan por la juventud, están siendo desafiados a dar una respuesta positiva a tales cuestiones.